Andres's profile________ Javier Andres ...PhotosBlogListsMore Tools Help

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                                                          metro cable                      

    Estas personas se han visto obligadas a invadir y a construir en el terreno cual  puedan "un hogar".
     
    Sí construyeron el teleférico sobre sus casas opino que es bueno tener una oportunidad de desplazamiento a la urbe mas económica  y se tase calidad de vida mas estable.
     
    Suponiendo que la felicidad es proporcional a la satisfacción de las necesidades del individuo.... Me parecen patéticas las señoras de alta costura y excesivas evocaciones de su religión que necesitan mirar desde arriba, desde un lugar seguro y decir- “pobres criaturas, que mi Dios las guarde”. 
     
    Marx estaba equivocado sobre la religión, no hay que confundir un alucinógeno con un estupefaciente. Recuerdo esa frase de un libro de Fernando Vallejo y me inclino a pensar que estas señoras, bueno, personas para se menos excluyente, esta noche harán  una plegaria, le contaran a las amigas y juntas realizaran oraciones por quienes habitan en las casitas de madera. Perfecto, ya las señoras se sienten bien, y “las criaturas de Dios” tendrán con que comer. ¿Qué haríamos sin ellas?
     
    Es un punto muy personal, y pues me alegra que estas estructuras estén acompañadas de intervención social, siempre y cuando sean para mejora de los ciudadanos (si es que hay ciudadanía), no simplemente de un espacio, no simplemente tomar un indigente y ponerlo en otro lugar, y  celebrar la recuperación de un "espacio publico".  
     
    ¿En que estaba?
     
    Hum… (Pensando)
     
    En fin.

                                                                       


    01: 14 am

     Me cansa esperar que sea mañana y de nuevo esperar que gire otro poquito la tierra. Me cansa pensar que somos el simple resultado de muchas casualidades, simplemnete ahora todo me cansa, me cansa escribir...

    stay (el humbral)

     
    Solo por agregar algo, recomiendo esta pelicula,
      
     
    El Umbral. Titulo original: "Stay"
    (a bad dream - kane)

     

    Como bonus, Alegria 

    Puras Dibagaciones

     

    Luz sólo se puede suicidar después de las dos de la tarde. Sandra después de las siete, porque hasta es hora tiene clase de música. Viviana trabaja hasta las cuatro. Así que lo conveniente para todos es que nos suicidemos a las nueve después que yo  salga de trabajar. Pero no hay garantía que Luz me espere tanto tiempo.  

    Cuando llegué al lugar Sandra me presento a luz por quinta vez  y a Viviana por primera, (espero que sea la única pues ella es de esas hermosuras difíciles de olvidar, melancólicas y sutiles) Las dos se unían en un llanto que sincronizadamente era autorizado por la otra, cada una inhalaba un poco de humo antes de exhalar sus lagrimas gemidas. - ya viene, ya viene la canción- me decía, les decía Sandra esperando que de alguna manera eso les consolase, -ya viene la canción.  

    No quise saber el porque de su llanto, ya suficiente remordimiento tenia al no poder consumir ni un tequila esa noche, el tiempo me lo diría y así lo hizo. Pasaron algunas horas para que la mirada de Viviana se tomara el tiempo de concentrarse en mí, de pedirles a ellas que guardaran silencio mientras escuchaba de mi voz las  razones. Sandrita no me quería dejar hablar, interrumpía argumentando que mi única razón para morir era porque ella lo haría. En mi parte también lo creí, pero agradezco el silencio que me fue otorgado. Mis razones siempre han sido efímeras, dadas a un momento sin resignación.  

    Sería con sobredosis de tequila pero las opciones no eran de nuestro presupuesto, la única que nos quedaba oscilaba entre una caja de vino y unos cuantos valium. No es simplemente de morir, es de hacerlo de buena manera, con una buena canción. Casualmente de fondo podía escuchar el rasgar de over y esa locura me continuaba absorbiendo.  

    Si tuviese un tumor en el cerebro le llamaría tequila...  

    ¿Qué pensará Sandrita cuando se quita el brasier y ve caer mi corazón? Ese cual le regalo cada noche que implica cigarrillos, cerveza y tequila. En verdad me importaría si ella tan solo ve como cae a sus pies aquel pequeño y frágil elaborado en papiroflexia en una etiqueta de Pilsen. Sin significantes, solo un concepto irrelevante. En fin.  

    Tengo que dormir y despertarme temprano para intentrar un descuento en la matricula de universidad, tengo que ir por mis nuevos ojos y en la tarde trabajar, deduzco que será un día largo, espero no llegar cansado para mi cita a las 9:00 con Viviana, luz y Sandrita. Y espero que esa cosa del suicidio no dure mucho ni  produzca guayabo, pues tengo que hacer muchas cosas por estos días.

    Edwin

    Medellín 08 de junio 2008

     

     

    El camino fue largo, una hora completa pensando en otra persona, en si la vería esa noche después de prometer no hacerlo más. Esas típicas cosas para días típicos. Pero algo falló, me hizo sentir todo el día como aquello en que no deseo, no desee ser. Me trague un sentimiento, sonreí hipócritamente a los usuarios, respondí sus inquietudes, cambie de puesto, deseaba escapar, no pensar, tan solo estallar.

     

    "Buenas tardes, dime en que te puedo colaborar… Chicos, si no hacen una fila no les puedo asignar turno…"

     

    Terminó mi horario laboral y aun sentado al computador, esperando que algo pasará, me excusé con la lluvia, pero al contrario, ese era otro motivo para salir. Era muy temprano como para ir a tomar una cerveza, bueno, mientras el bus llegaba sería la hora adecuada. De regreso pensé, no en quien ocupa mi rutina, además, esta vez eras tu, y muy extraño que pase todo el día pensando en un hombre.

     

    Entonces la arremetida de recuerdos.

     

    -en el colegio, cuando te vi por primera vez tenias un papel anunciando "me rifan", a priori lo titule de patético, (de hecho hasta este día no he dejado de hacerlo) uno de aquellos extrovertidos, ejes de minorías sociales, en fin, un chico popular.

    -sentados en los tanques esperando que el tiempo se consuma junto con los cigarrillos.

    -escapándonos de clase.

    -Embriagándonos en los parques, en la "chicheria" de El Paraiso, en los bares de metal.

     

    La nostalgia, aquella infalible pésima consejera me susurra cuando los recuerdos más significantes se imponen, eres mí compañero de andanzas, de viajes y más que todo de fantasías, soñando con viajes utópicos, bajando mapas, trazando rutas, gastando zapatos. Si que gastábamos zapatos, solo era que camináramos hasta la salida de la ciudad y ver que tan lejos llegábamos, sentíamos dolor en los pies, llegábamos a otros lugares sin saber que hacer, pero nadie nos quitaba el rostro de felicidad por unas semanas.

     

    El ultimo día nos sentamos en una cafetería, tomamos tinto, fumamos mientras recapitulamos la adolescencia, se supone que no tendrías una niña, que no te casarías tan rápido, no dejarías de estudiar por trabajar. Que yo no me iría a vivir a otra ciudad, que no trabajaría en una biblioteca, que no estudiaría física, que dejaríamos de viajar. Esas cosas no las ideamos, pero resulto siendo nuestra vida.

     

    Lo asimilé esta noche, soñé con esa ultima conversación, y sumado al peso de la censura social ante las lágrimas. El protocolario y patético ¿Cómo estas? - bien gracias ¿y tu?

     

     Edwin, en la  mañana cuando me dirigía al trabajo las perspectivas de la vida se tornaron un poco diferentes después que me llamo tu esposa para preguntar si podía ir a tu ciudad, que estabas en el hospital de Duitama, que te habían declarado muerte cerebral y esperaban que tu corazón dejara de latir. Me llamó tu esposa para preguntar si podía ir a Tunja, lo siento, no puedo, esta otra vida me absorbió.

    9 Crimes

     
     
    Por estos días, esta canción será la banda sonora en mi vida sentimental, (aunque sentimentalmente no este) para dedicar a una persona o para dedicarme a mi mismo, es o sería así, en fin.  Me conformo con deleitarme con su letra y admirando el video, eso es y podría ser simplemente todo, igual tambien perdi mi globo, temo que reventé mi globo, !¡y de que manera¡!.
     
     9 Crimes - Damien Rice
     
      
     
    Leave me out with the waste, This is not what I'd do, It's the wrong kind of place To be thinking of you, It's the wrong time For somebody new, It's a small crime And I've got no excuse.
     
     Is that alright? Give my gun away when it's loaded. Is that alright? If you don't shoot it how am I supposed to hold. it Is that alright? Give my gun away when it's loaded Is that alright Is that alright with you?
     
    Leave me out with the waste, This is not what I'd do, It's the wrong kind of place To be cheating on you, It's the wrong time but she's pulling me through, It's a small crime, And I've got no excuse.
     
     Is that alright? Give my gun away when it's loaded Is that alright? If you don't shoot it how am I supposed to hold it Is that alright? Give my gun away when it's loaded Is that alright Is that alright with you?
     
    Is that alright? Is that alright? Is that alright with you? Is that alright? Is that alright? Is that alright with you?
     
    No.
     
     
     
     
     

    Escena 38

    Salí de la habitación con ganas de decirle - ¿ya ves? Por eso solo funciona en las películas- pero me callé, abracé su cuerpo, lo sentí y me estremeció, besé su mejilla y abandoné el apartamento.

    Frente al ascensor espere que saliera, que gritara mi nombre, que besara mis labios. Pero reaccioné pronto. Eso pasa solo en las películas.

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    My Blueberry Nights

                      my_blueberry_nights_poster_3[1]              cannes07blueberrynightspw5 

                          Pateticamente romantica, pero excelente calidad fotografica y banda sonora

    La noche de los feos

     
     
    1
    Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.

    Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro.

    Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos -de la mano o del brazo- tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas.

    Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja quemadura.

    Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja de su lado normal.

    Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente.

    La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé. Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De pronto aceptó.

    La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo.

    Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también me gustó) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su lindo pelo.

    "¿Qué está pensando?", pregunté.

    Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de forma.

    "Un lugar común", dijo. "Tal para cual".


    Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo.

    "Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?"

    "Sí", dijo, todavía mirándome.

    "Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida."

    "Sí."

    Por primera vez no pudo sostener mi mirada.

    "Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo."

    "¿Algo cómo qué?"

    "Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad."

    Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas.

    "Prométame no tomarme como un chiflado."
    "Prometo."
    "La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?"
    "No."
    "¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?"

    Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata.

    "Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca."

    Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.

    "Vamos", dijo.

    2
    No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que la ayudara a desvestirse.

    Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.

    En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.

    Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas.

    Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.

    Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.
     
     
     
     
    Mario Benedetti

    lovers                                                    

    My life without me

     
    <Si no me besas grito>. Lo vemos en el cine y anhelamos que algún día nos pase. Mi vida sin mi (My life without me) se encuentra en el primer lugar de mis películas preferidas y aun no logro describir el aspecto que la hace tan especial, pero me conformo con sentimientos que en mi se generan, tal vez eso sea suficiente.
     
    De pronto en la ficción encontré la persona que en vida no logre localizar, aquella que pone a prueba mi pasión por la melancolía, aquellas imágenes taciturnas que me hacen desinflar y otras que retienen mi aliento.  Alguien que siente la lluvia al deslizarse por el cuerpo, horas mirando la luna…
     
     
     
     
     
       .                               My%20Life%20Without%20Me .
         
     
     
    Frases preferidas 

    -          Los muertos no sienten, ni siquiera nostalgia

    -          Sí no me besas, grito

    -"Sé que te sientes tan solo que te duele, sé que no te gusta la gente, sé que tomas demasiados cafés, sé que piensas que la vida está pasando a tu lado y no sabes exactamente cómo y sé que te has obligado a no pensar en mí, porque es ridículo fantasear sobre alguien que has visto apenas dos veces". 

     

    - ¿tienes un dulce? (Cuando dan la fecha de su muerte)

    El otro yo

     
    Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.

    El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.

    Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañana siguiente se había suicidado.

    Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.

    Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas. Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».

    El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.
     

     Mario Benedetti

    masks02  

    Ya un año

     

     

     

    "...Hay unos viajes para los que no se requiere un avión, ni siquiera el cuerpo, pero de eso hablaremos después..."

    CHAMALU

    ¿caer o no caer?

    Despertar al amanecer y esperar de nuevo el ocaso, brutal existencialismo enemigo del sol no acepta las ideas en el borde del abismo. Lagrimas que caen balanceando el cuerpo a su típico estado de incertidumbre. caer o no caer. cuerpo melancólico, inerte, conviértete en hoja y déjate deslizar con suavidad  y no permitas caer en tierra. Busca el lugar donde han caído las lagrimas ya difuminadas con aguas turbulentas, taciturnas. caer o no caer. sombra pitonisa señálame la ruta.
    Viento ondulador, frescura abrasadora rompe las alas, difumina los vestigios, golpea la cara del soñador divagarte, empuja un paso al farsante, entierra las hojas, el precipicio, ¿o saltas del pasillo.... o entras a clase?.

                                                                                                                                                                                                                 2006

     


    Un Antojo

     
     
    Quiero un helado de chocolate con chispas de colores salsa de arequipe y sin galleta no puedo digerirlo, por la distancia, pero lo hacemos de la siguiente manera: pruébalo, poco a poco, buscando todos sus sabores, degústalo hasta el fondo, con pasión, y recuérdalo, por que un día llegare y el sabor estará en tu sangre
    mmm… chocolate, beberé tan exquisito chocolate "solo si me lo permites"
     
                                                                                                                                                                                                                                          2006

    Cotidiano

    Inevitable pensar que se a sentado a metro y medio de mi tacto, con los ojos delineados y un libro de economía reposando en sus brazos. Siento envidia de aquel que es admirado, taquicardia cuando en mi nace la idea de pronunciar un susurro que pondría a levitar mi vida.
    Encendió un cigarrillo. El sentimiento se transforma en lastima, pobre de aquel objeto que no sabe el significante de aquella carne, pero nos consumimos mutuamente, desesperadamente.
    Retiro mi saco para intentar percibir un poco de calor que emane de su cuerpo, tiemblo al sentir la lejanía de su vida, su mirada, sus murmullos.
     
    mmm…. Se marchó.
     

     

    2006  

     
     
     
     

    10 y bajando

    Creía este un día más en la tediosa rutina que adoptaste desde mi partida, siempre te has encerrado en la habitación, carcelera de melancolías. Pero hoy, hoy despiertas con entusiasmo, mirando el espejo y sorprendida por la imagen tan demacrada te levantas, tomas un cigarrillo (6), susurras deslizándote por el cubrecama-aun hay tiempo-. Sigilosa y sonriente abres la puerta de tu ya defectuosa prisión.

    - ¿hoy sí desayunarás?
    -sip, pero primero me baño
    - ¿vas a salir?
    -sip, ya he perdido demasiadas clases. Después de todo, después de todo....    nada, ya era tiempo
    -te prepararé algo rico.

    Escuchas y sigues convirtiendo la casa en un paraíso de flores, de naturaleza en paredes de castillo, te desahogas bajo una tibia cascada eléctrica, te envuelves con ciclópea y suave seda.

    -hija, me alegra que estés mejor, no sabes cuanto sufrí al verte tan deprimida, ya tienes que...
     
    Se abre un mundo a tu paso entre las hojas seleccionadas para tu vestimenta. Siempre me pregunté como sería el universo que inventabas para huir de la realidad, cuando te conté este truco me llamaste loco, pero veo que ahora lo utilizas muy bien. Entre los desgarros del espejo, como si fuese torturado por tus embestidas de incomprensión  se refleja tu nueva imagen, sonriente, vengativa, un cigarrillo menos (5). Me sorprendes, has aplicado rubor a tus cachetitos descoloridos.
    Realmente hoy me sorprendes. Han pasado dos horas y llevas una frente al espejo, sí que me sorprendes. P
    arece que ya te has olvidado de mí, no pareces la Anita que dejé al irme, no querías salir de la habitación, no comías, tomabas el bisturí amenazando con abrir todas tus arterias y mírate, ahora empuñas con fiel seguridad el cepillo.

    te concentras en ti, solo en ti. Otro cigarrillo (4), no entiendo por que llevas tantos libros, si no me equivoco son los que leíamos juntos, te gustaba escucharme leer, siempre buscábamos cositas de Cortázar o Borges, ni los conocías cuando te hablé de su mágico mundo de laberintos, ahora, por fin abandonas el tuyo.

    -en la mesa hay juguito, ya te llevo el chocolate
    -gracias mam
    - ¿necesitas dinero? no deberías fumar tanto
    -gracias mam, pero solo voy al colegio
    -está caliente.
    -muaaaa te quiero mucho mam
    -ah mi niña...
    -chaop mam, tempus fuggit
     

    No vas a terminar de sorprenderme, las mismas calles, lluvia, humo en tus labios (3), transeúntes, indigentes, hadas, ángeles, todos bailan, gritan, todos procuran hacerte reír, fuego (2), nubes, caminos, ríos, ballenas, nicotina(1), y una cafetería, aquella donde pregunté tu nombre, donde nos sonrojamos discriminando el lugar.
    Un primer piso que encerró nuestros sueños, sabíamos que había también un piso alto, allí iríamos si algo fallaba, si por alguna razón no volviésemos a vernos, en ese último piso, (décimo para ser exacto) sería el inicio de nuestro reencuentro.
    Justo allí estas ahora, y empiezo a entender mientras tu silueta recorta en el ventanal plateado donde ahora posas tus pies. El viento juguetea con tus ropas, se lleva tus lágrimas...

    Por fin abres los brazos, por fin te abrazaré. En grados descendientes tu mirada se inclina, me observas como a través de la niebla... vuelas hacia mí.
     
    10…la ilusión de tenerte por siempre...
    9... en un instante tu vida, la mía...
    8…date la vuelta...
    7…busca mis ojos...
    6…no hay marcha atrás...
    5…el tráfico se paralizará...
    4…shh…
    3…gritos sordos...
    2…unos metros más...
    1... que suave es tu cuerpo...

    Ya todo es silencio, aquel silencio nocturno, me buscas en la nada  y mientras la realidad muestra una mancha en el asfalto, de este lado… me acaricias
     
     
    Andres Serna
     

    Imagen tomada de:

    http://psychofurryewok.deviantart.com/art/Broken-Rose-1457042

     

    Laberintos

    « Yo creo que en la idea de laberinto, hay una idea de esperanza también, porque si supiéramos que este mundo es un laberinto, entonces nos sentiríamos seguros, pero posiblemente no sea un laberinto, es decir, en el laberinto hay un centro, aunque ese centro sea terrible, sea el Minotauro. En cambio no sabemos si el Universo tiene un centro, posiblemente no sea laberinto, sea simplemente un caos, entonces sí estaríamos perdidos. Pero si hay un centro secreto del mundo, ese centro puede ser demoníaco, puede ser divino, entonces estamos salvados, entonces hay una arquitectura. Pero también creo que hay un deseo del mundo de la perplejidad, de la vida, de encontrar que todo esto es un laberinto, es decir que tiene una forma coherente. Por eso casi podríamos decir que el laberinto es un temor, pero también es una esperanza. Es un temor porque estamos perdidos, pero es una esperanza de que tenga un centro, que tenga un plano, que tenga una arquitectura ».
     
    <Borges>          

    Razones

     
    Sólo me dieron ganas de escribir  en el momento que me siento nostálgicamente enamorado de un lugar y de las personas que en éste me han recibido. Tanto de los usuarios que visitan la Biblioteca, las colegialas con sonrisa en boca y sabiendo que no me gusta dicen hola cosito. Los compañeros de trabajo, cada uno con un cuento que me absorbe. Al ser la persona con menor rango incluso me siento débil, pero en un buen lugar, en el mejor lugar.  
     
    Los niños, tanto aquellos que llegan con la suela untada de barro, despelucados y con ganas de pelear con el primer que puedan, o los de fin de semana con pequeño hablado fino y carácter inteligente, o verlos juntos uno aprendiendo del otro a jugar ajedrez, o juegos de PC, o valentina enseñándole ingles a la hermanita de uno de los niños que vende dulces en los buses, ellos son una razón, otra razón.
     
    Es complicado hablar con los niños, reír un rato, para luego salir del trabajo y encontrar un mundo desecho, esquivar las personas que duermen en el andén y prometiéndome hacer lo posible por que ellos no ocupen algún día este lugar; retomar la rutina, eso es difícil.  
    En fin…  
    Terminará,
    De alguna manera,
    Siempre termina.
     
     

    Final para un cuento fantástico

     
    —¡Que extraño! —dijo la muchacha avanzando cautelosamente—. ¡Qué puerta más pesada!
     La tocó, al hablar, y se cerró de pronto, con un golpe.—¡Dios mío! —dijo el hombre—. Me parece que no tiene picaporte del lado de adentro. ¡Cómo, nos han encerrado a los dos! —A los dos no. A uno solo —dijo la muchacha.
    Pasó a través de la puerta y desapareció.

    I. A. Ireland

     

    Farenheit 451

    Ray Bradbury

    (Fragmento)

    ...Caminaron en la noche ventosa, tibia y fresca a la vez, por la acera de plata, y el débil aroma de los melocotones maduros y las fresas flotó en el aire, y Montag miró alrededor y pensó que no era posible, pues el año estaba muy avanzado.
    Sólo ella lo acompañaba, con el rostro brillante como la nieve a la luz de la luna, pensando, comprendió Montag, en aquellas preguntas, buscando las respuestas mejores.
    -Bueno -dijo la muchacha -, tengo diecisiete años y estoy loca. Mi tía dice que es casi lo mismo. Cuando la gente te pregunte la edad, me dice, contéstales que tienes diecisiete y estás loca. ¿No es hermoso caminar de noche? Me gusta oler y mirar, y algunas veces quedarme levantada y ver la salida del sol.
    Caminaron otra vez en silencio y al final la muchacha dijo, con aire pensativo:
    -Sabe usted, no le tengo miedo.
    Montag se sorprendió.
    -¿Por qué habrías de tenerme miedo?
    -Tanta gente tiene miedo. De los bomberos quiero decir. Pero usted es sólo un hombre...
    Montag se vio en los ojos de la muchacha, suspendido en dos gotas brillantes de agua clara, oscuro y pequeñito, con todos los detalles, las arrugas alrededor de la boca, completo, como si estuviese encerrado en el interior de dos milagrosas bolitas de ámbar, de color violeta. El rostro de la muchacha, vuelto ahora hacia él, era un frágil cristal, blanco como la leche, con una luz constante y suave. No era la luz histérica de la electricidad, sino... ¿qué? Sino la luz extrañamente amable y rara y suave de una vela. Una vez, cuando era niño y faltó la electricidad, su madre encontró y encendió una última vela, y habían pasado una hora muy corta redescubriendo que con esa luz el espacio perdía sus vastas dimensiones y se cerraba alrededor, y en esa hora ellos, madre e hijo, solos, transformados, habían deseado que la electricidad no volviese demasiado pronto...
    Y entonces
    Clarisse McClellan dijo:
    -¿Le importa si le hago una pregunta? ¿Desde cuándo es usted bombero?
    -Desde que tenía veinte años, hace diez.
    -¿Leyó alguna vez alguno de los libros que quema?
    Montag se rió.
    -Lo prohibe la ley.
    -Oh, claro.
    -Es un hermoso trabajo. El lunes quemar a Millay, el miércoles a Vhitman, el viernes a Faulkner; quemarlos hasta convertirlos en cenizas, luego quemar las cenizas. Ése es nuestro lema oficial…

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